Cuál es el origen de la letra ñ y qué otras lenguas la utilizan

En tiempos de propuestas para modificar el idioma (ya presentamos algunas reflexiones recientemente), compartimos este artículo publicado en el sitio de Ricardo Soca, El Castellano.

El castellano es la segunda lengua materna más hablada del mundo luego del mandarín: la utilizan unos seiscientos millones de personas. Sus orígenes se remontan al siglo X, cuando un monje escribió las primeras palabras en un idioma diferente al latín en los márgenes de un códice.

Al igual que otras lenguas, como el francés, el alemán o el danés, tiene letras que la identifican en todas partes. Bueno, en este caso, una sola asume el protagonismo. Está en el lugar 15 del abecedario y es la única con partida de nacimiento española. Aquí les contamos cuál es el origen de la letra ñ y qué otras lenguas la utilizan.

La historia del castellano comienza en la Edad Media, cuando un monje del monasterio de Suso, en la actual comunidad autónoma de La Rioja (España), realizó unas anotaciones en un códice, conocido como Glosas Emilianenses.[1]

Datado en el año 964, contiene la siguiente frase:

Con o aiutorio de nuestro dueno Christo, dueno salbatore, qual dueno get ena honore et qual duenno tienet ela mandatione con o patre con o spiritu sancto en os sieculos de lo sieculos. Facanos Deus Omnipotes tal serbitio fere ke denante ela sua facegaudioso segamus. Amen“.

Estas anotaciones del Códice 46, conservado ahora en la Real Academia de la Historia (Madrid) —hay una réplica en el monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla (La Rioja)— también muestran los primeros rastros del euskera, la lengua del País Vasco.

Pero como ocurre muchas veces con documentos de tantos años, nuevos descubrimientos pusieron en duda que sean los testigos más antiguos de una lengua romance, diferente al latín.

Esto ocurrió en 2010, cuando varios especialistas le otorgaron autenticidad a otros escritos hallados en el monasterio de Valpuesta, en la provincia de Burgos. Datados en el siglo IX, antes de las Glosas, los Cartularios de Valpuesta contienen algunas palabras en la nueva lengua. Sin embargo, los expertos destacan que lo escrito por el anónimo monje de Suso revela una estructura gramatical más compleja.

A todo esto, como habrán advertido, en las Glosas, no hay rastros de la eñe. Pero hay una pista: la palabra duenno, que los copistas utilizaban para representar un sonido consonántico nasal y palatal, como explica la Academia española, que apareció con las lenguas románicas, como el castellano, el francés y el italiano.

Además de la ene geminada (nn), los monjes copistas, prácticamente los únicos que escribían documentos y libros en la Edad Media, expresaban este sonido con otros fonemas como gn o ni más una vocal.

La historia de la letra cobró relevancia cuando el rey Alfonso X el Sabio llegó al trono en el siglo XIII. Con conocimientos en astronomía, ciencias jurídicas e historia y un profundo interés por otras áreas de la cultura, él dictó las primeras normas del castellano, que incluían el uso de la eñe.

En 1492, mientras Cristóbal Colón llegaba a América y España despertaba como imperio, Alfonso de Nebrija publicaba en Salamanca la primera gramática del castellano que incluía a la eñe. A las páginas del diccionario de la RAE recién llegaría en 1803.

Esta ene coronada por una vírgula o tilde, en efecto, es la única letra con partida de nacimiento ciento por ciento española. Esto no significa que sea exclusiva del castellano, porque está presente en el euskera, el gallego y el asturiano o bable, antigua lengua de los reinos de Asturias y León.

Tal vez puede sorprender que también pueda leerse en otros idiomas, más allá de la Península. En América, integra lenguas como mixteco, zapoteco, otomí, quechua, aimara, mapuche, guaraní o papiamento. La explicación es sencilla: los conquistadores introdujeron la eñe en los idiomas indígenas.

En otras regiones con influencia española, como Filipinas, Guinea Ecuatorial o Guam la eñe aparece entre las letras del tagalo, el bubi o el chamorro. Y también figura en el tártaro (lengua de Crimea); el naurano (Nauru); el wólof (Senegal) y el tetun (Timor Oriental).

La eñe está presente en unas 15.700 palabras del castellano y, aunque cueste creerlo, es la inicial de 350, como ñato, ñoqui o ñu. Claro, también identifica a la revista cultural de Clarín: Ñ.

Ahora, si hay un ámbito donde le ha costado imponerse este es la informática. En 1991 la Comunidad Europea aprobó teclados de computadoras sin eñe, lo que llevó a España, dos años después, a ampararse en los tratados de Maastricht para corregir semejante atropello lingüístico.

 [1] En realidad, estos documentos, escritos en dialecto navarroaragonés, son los primeros testimonios escritos en una lengua diferente al latín. La lengua del imperio romano empezó a sufrir cambios drásticos, diferentes en cada región del imperio, por lo que los dialectos que luego convergieron hacia el castellano se fueron formando seguramente en la península desde algunos siglos antes de que los monjes copistas hicieran sus anotaciones, pero no tenemos datos sobre ellos porque eran variedades habladas; los documentos se seguían escribiendo en latín (N. de elcastellano.org).

Crédito de la imagen: la original publicada en el artículo de El Castellano